Portada de El profesor y el capitán: filas de rayas de conteo sobre papel hueso, algunas desvaídas.

El profesor y el capitán

Un profesor de la Ciudad de México pide en voz alta estar en su casa, y el mundo lo entrega a doscientos metros de un capitán que lleva once años en guerra.

Los dos, en Amazon


Una noche de noviembre, en un tercer piso sin elevador de la colonia Del Valle, Eduardo Rendón —veintinueve años, profesor— tiene un ataque de pánico frente a un teclado y dice en voz alta que quiere estar en su casa.

El mundo lo escucha. Y él pasa cincuenta años creyendo que había pedido otra cosa.

Aparece en un bosque del reino de Arvela, a doscientos metros de un capitán de la Marca que lleva once años de guerra y treinta y cinco hombres enterrados. Ernesto Valdas no le pregunta de dónde viene. Le da pan, una manta y un sitio junto al carbón.

Lo que Eduardo trae dentro puede cambiar el mundo, pero sólo hasta donde él lo entiende, y ni un dedo más allá. Eso va a costarle todo, y no una sola vez.

Medio siglo después, el hijo de los dos se sienta a escribir lo único que sabe.


«Se puede cambiar el mundo hasta donde uno lo entiende. Y ni un dedo más allá.»

La única regla del libro


Antes de empezarEsta novela contiene descripciones detalladas de ataques de pánico, despersonalización y depresión. Hay violencia de guerra, y no es decorativa. Hay enfermedad, vejez y duelo. La intimidad entre adultos está escrita fuera de plano.